Gobierno

“Le urge” al presidente revertir su mala imagen ante posible reelección en Izcalli

El anuncio de Morena de que sí permitirá la reelección de algunos cargos públicos – aunque no de forma automática y condicionada a encuestas de aceptación ciudadana y desempeño en el gobierno-, parece haber detonado ajustes inmediatos en varios Ayuntamientos. En Cuautitlán Izcalli, el movimiento más visible ha sido el del alcalde Daniel Serrano Palacios, quien en los últimos días mostró una faceta inédita desde que asumió el cargo en 2025.

De acuerdo con versiones internas en el partido, el primer sondeo para medir a los aspirantes se realizará en marzo y el segundo en agosto, lo que ha elevado la presión sobre los gobiernos municipales con miras a sostener o mejorar sus niveles de aprobación.

En ese contexto, la transformación del discurso y la narrativa pública del edil izcallense parece responder a una estrategia calculada para llegar mejor posicionado a esas mediciones.

Durante los últimos días, el presidente municipal difundió en redes sociales una serie de videos con un tono marcadamente distinto al que suele exhibir en conferencias y posicionamientos públicos, donde se ha caracterizado por confrontar a adversarios políticos, activistas, organizaciones, e inclusive a ciudadanos. En contraste, ahora aparece exageradamente sonriente, “relajado” y buscando proyectar cercanía con la ciudadanía.

Entre los episodios que más llamaron la atención se encuentra una historia en la que se le observa bajando a comer en un puesto callejero, sentado en la banqueta, algo que no había hecho en lo que va de su administración.

Horas más tarde, volvió a colocarse frente a la cámara al entregar personalmente un perrito extraviado a sus dueños dentro del edificio de la presidencia municipal, en un acto ampliamente documentado y acompañado de gestos amables.

El viraje ocurre en un contexto complejo para su gobierno. De acuerdo con evaluaciones del INEGI, la administración de Serrano Palacios se ha colocado durante tres trimestres consecutivos en el último lugar nacional en indicadores de efectividad municipal, una situación que ha generado análisis muy críticos entre analistas y actores políticos locales, sobre todo porque se trata apenas del primer año de gestión.

A ello se suma la presión en materia de seguridad pública. En Izcalli persiste una crisis por las desapariciones de jóvenes y adultos, un fenómeno que ha provocado movilizaciones, protestas y reclamos de familias que buscan a sus seres queridos. El caso más visible en semanas recientes es el de Jeshua Cisneros Lechuga, cuya ausencia mantiene en vilo a su entorno y se ha convertido en símbolo del reclamo social por respuestas institucionales.

En ese ambiente, para algunos sectores ciudadanos resultó indignante la difusión de escenas festivas en redes sociales, como la entrega del perrito extraviado, mientras, señalan, hay familias enteras que viven entre la angustia y el dolor por la desaparición de hijos, hermanos o padres.

La crítica no apunta únicamente al gesto, sino al contraste entre la narrativa optimista que ahora intenta proyectar el gobierno municipal y la gravedad de los problemas que enfrenta el municipio.

A este escenario se agrega otro elemento que ha comenzado a generar debate político: durante el año pasado, el gobierno municipal ejerció alrededor de 20 millones de pesos en rubros de comunicación social y publicidad institucional, recursos que hoy resultan clave para la difusión de la nueva imagen del alcalde.

Para algunos actores locales, ese músculo publicitario podría colocar en desventaja a otros posibles aspirantes dentro de Morena que no cuentan con la misma plataforma de exposición ni con la visibilidad que otorga el cargo.

Con 2026 perfilándose como un año decisivo para la definición de candidaturas internas y la elección constitucional prevista para 2027, el mensaje del partido sobre la reelección “con lupa” parece haber acelerado la carrera por mejorar percepciones públicas.

En ese tablero, la “intentona” de transformación del alcalde es leída como un intento por reposicionarse en los estudios de opinión que podrían definir su futuro político.

Para algunos, el contraste es evidente: del funcionario que se distinguía por un discurso duro y confrontacional, al personaje que ahora busca mostrarse cercano, accesible y mediático. La interrogante que empieza a circular en los cafés políticos y entre vecinos, es si este cambio responde a una revisión de fondo en la manera de gobernar o si se trata de un ajuste cosmético dictado por la coyuntura electoral que se avecina.

El reloj rumbo al año 2027 ya comenzó a correr y en Cuautitlán Izcalli la estrategia política parece haber entrado en una nueva fase. Menos confrontación pública y más sonrisas frente a la cámara, mientras la ciudadanía observa si el nuevo tono vendrá acompañado, o no, de resultados tangibles en los temas que más le duelen al municipio.

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