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Crónica de un “gobierno fallido” anunciado… el de Daniel Serrano

* Los mismos morenistas, en su momento, alertaron la corrupción y las malas prácticas de “Los Puros”

* La historia explica por qué su administración está evaluada en el último lugar nacional por el INEGI

Lo que hoy vive el municipio de Cuautitlán Izcalli en cuanto abandono, ineficacia gubernamental, inseguridad, opacidad y malas prácticas, no es producto de la improvisación ni de errores aislados. Es la materialización de una serie de advertencias que, en su momento, fueron claras, públicas  y reiteradas: señalamientos de corrupción, prácticas irregulares y formas de operar que hoy, ya en el ejercicio del poder, se han convertido en la constante en el gobierno que encabeza Daniel Serrano.

Antes de su llegada a la presidencia municipal, el llamado líder del grupo de “Los Puros”, Daniel Serrano Palacios, ya arrastraba una reputación muy cuestionada incluso dentro de Morena, y que fue pública tanto en medios como en redes sociales.

Diversos liderazgos locales como Octavio Reyes, Eduardo Ayala, Felipe Díaz y Juan Miguel Molina Rivera, por citar algunos, alertaron sobre presuntas prácticas de corrupción, uso discrecional de recursos públicos y esquemas políticos basados en la imposición y el control.

No eran acusaciones menores ni aisladas

El izcallense Octavio Reyes en su momento, fue uno de los actores dentro de Morena más críticos de Daniel Serrano y su grupo; fueron varios los videos que compartió en sus redes sociales en donde no sólo alertó a la ciudadanía sobre las “mañas” de este personaje, sino que desnudó su “modus operandi”; y es que como exmiembro de su grupo, supo de primera mano como operaban.

A nivel regional, los antecedentes también eran preocupantes. Como operador de un grupo político conocido como “Los Puros”, con presencia en municipios como Coacalco, Nicolás Romero y Teoloyucan, Daniel Serrano Palacios fue vinculado a contextos donde se denunciaron obras infladas, presuntos desvíos y manejos poco transparentes del erario.

Juan Miguel Molina Rivera fue otro de los críticos más contundentes: lo denunció por actos anticipados de campaña y lo señaló directamente como un actor que hacía uso indebido de recursos para posicionarse políticamente, además de cuestionar el gasto oneroso en promoción personal y la entrega de apoyos con fines clientelares.

En 2021, estas y otras prácticas generaron una ola de inconformidad que se tradujeron en manifestaciones, bloqueos de vialidades y protestas abiertas en su contra en distintos municipios del Estado de México.

En ese mismo periodo, se hizo público un audio atribuido a la alcaldesa de Teoloyucan, en el que denunciaba presuntas exigencias de millones de pesos para campañas políticas. A esto se sumaron acusaciones desde Los Reyes La Paz, donde se le señaló por pedir dinero o “moches”, e imponer candidatos en planillas municipales.

En Cuautitlán Izcalli, la historia no fue distinta

La militancia morenista rechazó su candidatura desde el inicio. El entonces alcalde Ricardo Núñez llevó su inconformidad hasta Palacio Nacional, denunciando violaciones a sus derechos políticos. Otros actores locales se negaron públicamente a respaldarlo por su “mala fama de corrupción”, postura que, lejos de diluirse, se ha mantenido con el paso del tiempo.

Las calles también hablaron

Previo al proceso electoral, cientos de bardas con propaganda de Serrano Palacios aparecieron en el municipio. Muchas fueron intervenidas por ciudadanos con mensajes directos: “rata”, “ratero” y frases que evidenciaban el rechazo social. Incluso, una lona colocada en un puente de la autopista México-Querétaro lo señalaba como ajeno al municipio y lo acusaba abiertamente de corrupción.

Hoy, ya en funciones, las advertencias de aquel entonces encuentran eco en la realidad.

La opacidad se ha convertido en una de las principales características de la administración.

Solicitudes de información pública realizadas por ciudadanos y periodistas no han sido atendidas de manera adecuada. En varios casos, la respuesta institucional ha sido incompleta o deliberadamente limitada, con la entrega de documentos ilegibles o “testados” en exceso, lo que impide conocer con claridad el destino de los recursos públicos.

Lejos de ser un hecho aislado, esta práctica ha alimentado la percepción de un gobierno que oculta más de lo que informa.

En paralelo, persisten señalamientos sobre el manejo del gasto. Uno de los casos más representativos y recientes es el denunciado por el morenista Felipe Díaz, quien evidenció un presunto sobreprecio en el contrato millonario de arrendamiento de vehículos, apuntando a un posible esquema de gastos inflados que compromete el uso eficiente del presupuesto municipal.

Estos elementos no sólo configuran una narrativa política: tienen consecuencias medibles.

Cuautitlán Izcalli enfrenta hoy un deterioro evidente en diversos rubros. Colonias en abandono, servicios públicos deficientes, una percepción creciente de inseguridad y el incumplimiento de promesas de campaña, como la reducción del 25 por ciento en la incidencia delictiva con un “método probado”, forman parte del balance ciudadano.

A ello se suma un clima de confrontación con la crítica. Periodistas y ciudadanos han denunciado actos de censura y descalificación desde el gobierno municipal, en un intento por contener voces incómodas.

El resultado de esta combinación —antecedentes cuestionados, prácticas reiteradas y un desempeño deficiente— se refleja en los datos oficiales.

De acuerdo con la evaluación trimestral del INEGI, Cuautitlán Izcalli se ha ubicado, por tercer trimestre consecutivo, en el último lugar a nivel nacional en desempeño gubernamental, evidenciando una profunda desaprobación ciudadana y una crisis de confianza en la autoridad municipal.

No es casualidad

Lo que hoy se mide como ineficiencia, opacidad y desconfianza, fue advertido desde antes de que este gobierno comenzara. Las denuncias sobre corrupción, los señalamientos de gastos inflados y las acusaciones de prácticas irregulares no sólo formaban parte del debate político: eran señales de alerta.

Señales que fueron ignoradas.

Hoy, esos antecedentes históricos no sólo explican el presente de Cuautitlán Izcalli: lo confirma. Se trata, para muchos, de una “crónica de un gobierno fallido anundiado”.

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