Tinta Suelta / David Nieblas Meza

*En temas de inseguridad, “los huevos no son al gusto”.

En seguridad pública no se puede gobernar con una calculadora selectiva. No se vale presumir números que ayudan al discurso y esconden los que lo contradicen. Porque mientras en la conferencia se proyectan gráficas optimistas, en la calle los delitos no se miden en diapositivas: se padecen.

El gobierno municipal que preside Daniel Serrano Palacios, insiste en hablar de una “baja sostenida” en la incidencia delictiva. La frase suena firme. Transmite control y orden. Pero cuando se revisan los datos completos, la narrativa comienza a perder consistencia.

Tomemos el caso de los homicidios. Diciembre de 2025 cerró con cuatro casos; enero de 2026 subió a seis. El incremento es de 50 por ciento en un sólo mes.

No es una interpretación política, es una operación aritmética básica. Si la tendencia fuera verdaderamente sostenida a la baja, enero no habría roto la inercia descendente con la que terminó el año.

El comportamiento mensual de 2025 tampoco dibuja una línea continua hacia abajo. Hubo picos, descensos, repuntes y finalmente un cierre bajo en noviembre y diciembre. Enero vuelve a subir. Eso no es una pendiente constante; es una curva irregular. Hablar de “disminución sostenida” en ese contexto resulta, cuando menos, impreciso; engañoso.

Pero el foco rojo más delicado no está únicamente en los homicidios. Está en el robo a negocio.

En diciembre se registraron 59 casos; en enero la cifra brincó a 81. Son 22 robos más en apenas un mes. Un incremento de 37.3 por ciento. Y el dato más alarmante: los robos con violencia pasaron de 20 a 51. Más del doble en treinta días. Es decir, no sólo creció el delito; creció la violencia con la que se comete.

Mientras se habla de contención y cifras favorables, 51 comerciantes fueron víctimas de un asalto violento en enero. Son empleados amagados, cajas registradoras vaciadas, familias que dependen de un negocio que ahora opera con miedo. Esa parte no siempre aparece destacada en la narrativa oficial.

Si ampliamos la mirada, el panorama es aún más claro.

El total de delitos en el municipio pasó de 1,055 en diciembre a 1,285 en enero. Son 230 ilícitos más. Un aumento del 21.8 por ciento en un sólo mes. Además, enero de 2026 supera los registros de enero de 2025 y de enero de 2024. Es el enero más alto de los últimos tres años.

Entonces la pregunta es inevitable:¿cómo puede hablarse de una disminución estructural cuando el total general crece y cuando delitos de alto impacto como homicidio y robo a comercio repuntan?.

Ciertamente existen rubros que muestran reducción en el comparativo anual. Eso debe reconocerse con objetividad. La crítica no consiste en negar cualquier avance, sino en cuestionar la selección parcial de los datos. Porque cuando sólo se exhiben las cifras favorables y se omiten las desfavorables, se construye una percepción incompleta de la realidad.

La seguridad pública no admite maquillaje estadístico. No es un ejercicio de posicionamiento político. Es una responsabilidad institucional. Y cuando los números muestran repuntes claros, el discurso debe ajustarse a los datos, no los datos al discurso.

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