David Nieblas Meza escribe “Tinta Suelta”, su columna semanal de Punto Medio
En política hay una máxima que suele repetirse en voz baja en los pasillos del poder: “para tener la lengua larga hay que tener la cola muy corta”.
No es una frase menor. Es una advertencia sobre la prudencia que debería acompañar a cualquier actor político cuando decide lanzar acusaciones o intentar desacreditar a sus adversarios.
Esta semana, en Cuautitlán Izcalli, esa regla elemental pareció olvidarse. El alcalde Daniel Serrano, visiblemente molesto por las críticas al desempeño de su gobierno, decidió responder “desempolvando” un video viejo que circuló hace varios procesos electorales en redes y cuya procedencia y autenticidad nunca ha sido aclarada públicamente.
El material fue utilizado para intentar desacreditar al dirigente estatal del PAN. Una estrategia que, más que entrar al terreno del debate sobre resultados de gobierno, pareció recurrir al expediente más viejo de la política: cuando faltan argumentos, se recurre a la descalificación.
Pero la política tiene una característica curiosa: la memoria suele ser más larga de lo que algunos quisieran.
Porque cuando alguien decide abrir la caja de los videos viejos para golpear adversarios, inevitablemente también comienzan a circular aquellos materiales que en el pasado han puesto al propio atacante bajo cuestionamientos serios. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Tras la conferencia del alcalde, en los círculos políticos volvieron a aparecer videos y audios difundidos años atrás en los que distintos actores políticos lanzaban acusaciones contra el propio Serrano cuando era “dirigente” partidista.
Entre esos episodios destaca el caso de la entonces alcaldesa de Los Reyes La Paz, Olga Medina Serrano, quien públicamente lo acusó de haberle pedido dos millones de pesos como condición para respaldar su proyecto político. Un señalamiento que en su momento generó fuerte polémica dentro de su propio partido.
A ese episodio se suman audios que circularon posteriormente en redes sociales en los que también se mencionaban presiones políticas para reunir recursos destinados a impulsar candidaturas vinculadas a su grupo político.
Materiales que nunca desaparecieron del todo del debate público y que ahora, curiosamente, vuelven a circular justo cuando el propio alcalde decide utilizar videos de procedencia incierta para atacar a otros.
Dicho en términos simples: el tiro salió por la culata.
Porque en lugar de cerrar la discusión sobre las críticas a su gobierno, la estrategia terminó abriendo otra conversación: la de los señalamientos que en el pasado han rodeado su propia trayectoria política, al grado de adquirir el “mote” entre sus propios compañeros de partido, como el Dany Moches de Atizapán.
Pero más allá del intercambio de acusaciones, el episodio deja una reflexión preocupante sobre la forma en que se está conduciendo el debate público en el municipio.
Una conferencia de prensa institucional debería ser un espacio para informar a la ciudadanía, para rendir cuentas y para responder con seriedad a las críticas sobre el desempeño del gobierno. No para reciclar grabaciones de origen incierto (y en una de esas ilegal) con el objetivo de denigrar a un adversario político.
