* En su campaña, utilizaba este tema como bandera política de contraste y crítica
A un año del inicio de la administración municipal de Daniel Serrano Palacios en Cuautitlán Izcalli, los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública revelan un contraste incómodo entre el discurso de campaña y la realidad estadística: los delitos vinculados con la violencia contra las mujeres aumentaron durante 2025, pese a que el alcalde se comprometió públicamente a “erradicarlos” y a encabezar un “gobierno feminista”.
De acuerdo con las cifras oficiales consolidadas, la violencia de género en modalidades distintas a la familiar pasó de 114 casos en 2024 a 147 en 2025, un incremento de 33 denuncias, equivalente a casi 29%.
En paralelo, la violencia familiar, uno de los indicadores más sensibles, subió de 1,012 a 1,097 carpetas de investigación abiertas, es decir, 85 casos más, un aumento del 8.4%.
Ambos rubros crecieron en el primer año completo del nuevo gobierno que dirige Luis Daniel Serrano Palacios.
Durante la campaña del año 2024, el entonces candidato de Morena colocó la inseguridad y la violencia contra las mujeres en el centro de su discurso.
En debates y spots acusó incrementos heredados, habló de alertas de género y prometió un viraje total en la estrategia municipal: policía de proximidad, más patrullas, más elementos, cámaras de videovigilancia, botones de auxilio y un programa específico denominado “Mujer Segura”.
Incluso, afirmó públicamente que “terminaría con la violencia en contra de las mujeres”.
Ese compromiso de campaña no fue menor. Convertía a estos delitos en termómetros políticos centrales de su gestión. Hoy, sin embargo, los datos oficiales muestran que esos mismos indicadores no descendieron.
EL ANÁLISIS MES A MES REFUERZA LA TENDENCIA.
En violencia familiar, 2025 cerró con repuntes claros en la segunda mitad del año, con un pico de 121 casos en septiembre, el más alto de los dos años comparados, y cifras superiores a 100 en octubre y noviembre.
En violencia de género, el patrón fue similar: febrero y agosto de 2025 rompieron los máximos de 2024, con 20 y 21 casos, respectivamente, y más meses por encima de los 10 registros que el año previo.
No se trató de un sólo mes atípico: fue una curva sostenida.
EL SILENCIO DE LOS BALANCES OFICIALES.
Otro elemento que llama la atención es que, pese a estos incrementos, el gobierno municipal no ha hablado públicamente de estos rubros en sus balances de seguridad. En cambio, ha insistido en una narrativa general de que los delitos de alto impacto se redujeron alrededor de 14%, sustentada sólo en un grupo limitado de indicadores.
El contraste es evidente: cuando era candidato, Daniel Serrano utilizaba la violencia de género para criticar a la administración anterior; hoy, como alcalde, ese delito prácticamente desapareció de su discurso público.
El aumento de estos delitos se inserta en un panorama general en el que, pese a la baja en algunos rubros patrimoniales, la incidencia delictiva total del municipio creció: pasó de 14,791 casos en 2024 a 15,417 en 2025, un alza del 4.2%. Es decir, la reducción no fue generalizada, como se empeña en difundir el gobierno municipal y el propio alcalde.
Para especialistas en seguridad y política pública, los delitos de violencia familiar y de género tienen un peso particular porque ocurren en espacios íntimos, suelen ser reiterados y afectan principalmente a mujeres, niñas y niños.
Por eso, su incremento tiene una carga política mayor cuando un gobierno se define a sí mismo como “feminista”.
Con los datos oficiales sobre la mesa, la discusión se desplaza del terreno de la propaganda al de la evidencia y eficiencia.
Las cifras muestran que: ambos delitos aumentaron en 2025; registraron picos mensuales inéditos; y no aparecen en los balances públicos del gobierno local.
La pregunta que queda abierta es inevitable: ¿cómo sostener un discurso de éxito general cuando los indicadores que se prometió “erradicar” avanzan en sentido contrario?
Por ahora, los números del cierre de año colocan en entredicho el llamado “método probado” en materia de seguridad y dejan una grieta visible entre la narrativa oficial tendiente al engaño; y la realidad estadística.
Ese es el dato duro. Todo lo demás, sigue en el terreno del discurso con tinte político.
