Punto Medio

Crecen los delitos en Izcalli y se desmorona la mentira oficial

Dicen que una mentira repetida mil veces puede parecer verdad; y pareciera que a esto le están apostando algunos que creen que se puede engañar a la gente muy fácil.  Pero los números, cuando son oficiales, tienen una mala costumbre: no obedecen discursos.

En Cuautitlán Izcalli, el gobierno municipal encabezado por Daniel Serrano Palacios ha insistido en que durante 2025 la incidencia delictiva bajó 13 por ciento y que los delitos de alto impacto muestran una reducción importante. La narrativa se ha difundido con entusiasmo, boletín tras boletín, conferencia tras conferencia. El problema es que los datos duros cuentan otra historia.

Los mismos registros oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, ahora que ofreció los datos de diciembre y cerró el año, muestran que, lejos de disminuir, el total de delitos en el municipio pasó de 14 mil 791 en 2024 a 15 mil 417 en 2025.

Traducción simple, sin maquillaje: 626 delitos más; un incremento general del 4.2 por ciento. No es una interpretación; no es una opinión; es aritmética básica.

El gobierno ha decidido concentrarse en un puñado de rubros, 11 según su propio discurso, para sostener que “la delincuencia va a la baja”. Y sí, hay delitos que disminuyeron, nadie lo niega. Bajaron, por ejemplo, el robo de vehículos, la extorsión, el homicidio doloso, el robo a casa habitación, el robo a transeúnte, varios delitos sexuales y los daños a la propiedad.

Pero la seguridad pública no se mide por fragmentos, se mide por el conjunto. Y cuando se abre el abanico completo, los 51 rubros de delitos analizados, aparece el elefante en la sala: 20 rubros aumentaron, otros 20 bajaron, nueve se quedaron igual… y aun así, el total subió. Entonces la promesa de una reducción general del 25 por ciento en los primeros seis meses simplemente no se sostiene.

Eso no es éxito integral. Eso es baja selectiva y alza en otros frentes, y aún así, no llega a su meta y promesa.

Y todo parece indicar que los focos rojos no caben en la propaganda. Mientras se presume una supuesta caída delictiva, hay rubros que crecieron con fuerza:

Narcomenudeo: +136%; robo a transportista: +65.5%; violencia de género: +29%; violencia familiar: +8.4%; otros delitos del fuero común: +45.6%; corrupción de menores: +200%; otros delitos contra la sociedad: +80%; y lesiones culposas: casi 20% más, entre otros.

No son delitos menores. Son los que se sienten en la calle, en la casa, en el transporte, en la colonia. Son los que moldean la percepción cotidiana de inseguridad… esa que ningún boletín logra borrar.

Cuando la narrativa se estrella con la realidad, es donde la cosa se pone seria. Porque una cosa es comunicar avances reales y otra muy distinta construir un relato optimista que ignora la fotografía completa.

Cuando un gobierno elige contar sólo la parte que le conviene, deja de informar y empieza a administrar percepciones. Y cuando eso ocurre, la confianza se erosiona. Hoy dices que bajó la delincuencia. Mañana los ciudadanos revisan los datos y descubren que el total subió. El resultado de ese engaño, tiene como consecuencia que todo lo que venga después, se pone en duda.

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