Cerramos el año como no se debe cerrar ninguno: defendiendo el derecho elemental a informar. Y lo iniciamos igual: recuperando lo que nunca debió perderse.
El ataque cibernético contra Punto Medio no fue un accidente, ni una travesura digital, ni un “error de la plataforma”. Fue un acto (aunque ilegal) profesional, coordinado, planeado y ejecutado con un objetivo claro: silenciar, confundir, intimidar. Lo que antes se hacía con amenazas directas o con el retiro de la publicidad oficial, hoy se intenta con hackers, bots, páginas piratas y linchamientos digitales.
El 24 de diciembre, cuando la mayoría pensaba en cenas, familia y treguas, alguien decidió que era buen momento para atacar de manera cobarde y desde el anonimato.
Y no sólo fue atacar una página de Facebook, sino intentar golpear uno de los principales canales de comunicación de un medio independiente. No se trataba de likes, se trataba de control. No se trataba de tecnología, sino de poder mal empleado.
Durante días libramos una batalla silenciosa: correos, reportes, verificaciones, especialistas, horas interminables. Y mientras tanto, los intentos no cesaron. La página temporal también fue suspendida. Luego apareció una falsa, “oficial”, convenientemente alineada con el discurso del gobierno municipal. Casualidades que, en política, casi nunca lo son. Así terminamos el año; y así lo empezamos.
Lo grave no es sólo lo que le ocurrió a Punto Medio. Lo verdaderamente preocupante es el contexto: el bloqueo sistemático de ciudadanos en redes oficiales, el uso descarado de bots para inflar realidades inexistentes, la intolerancia a la crítica y la construcción de un ambiente hostil contra quien pregunta, investiga o incomoda. Porque habrá que decirlo también, la estrategia, va dirigida contra algunos otros portales y periodistas.
Cuando un gobierno confunde crítica con ataque, y periodismo con enemistad, algo se ha torcido peligrosamente.
La democracia no se defiende con granjas de likes ni con hackers contratados. Se defiende con argumentos, con transparencia y con respeto. Lo demás es miedo y frustración. Y el miedo, cuando se disfraza de poder, suele reaccionar así: censurando.
No debería ser normal cerrar un año denunciando hostigamiento. No debería ser normal empezar otro recuperando cuentas robadas. Esto, no debería repetirse.
Ojalá que este 2026 no tenga que escribirse desde la resistencia, sino desde el debate abierto y profesional. Ojalá no tengamos que volver a explicar que informar no es un delito. Ojalá no tengamos que recordar que el derecho a saber es un derecho humano.
Punto Medio seguirá informando. No por heroísmo, sino por convicción.
Porque al final, aunque algunos se empeñen en lo contrario, la gente buena sigue queriendo estar informada. Y ese derecho, tarde o temprano, siempre se abre paso.
Muchas gracias a todos los seguidores y amigos que mostraron solidaridad y empatía con el inconveniente del hackeo; su respaldo y cariño, nos hacen ver que vamos por buen camino y lo que estamos haciendo, tiene una razón de ser. Nos dice, que lo que iniciamos y defendemos desde hace 22 años, es lo correcto.
